Premio de Banca Central "Rodrigo Gómez"

Con el fin de honrar la memoria de Don Rodrigo Gómez (1897-1970), Director General del Banco de México (1952-1970), los gobernadores de los bancos centrales latinoamericanos establecieron un Premio anual para estimular la elaboración de estudios que sean de alto interés para los bancos centrales. Este premio se ha vuelto un referente de investigación a nivel regional.

Es conveniente destacar que partir de la convocatoria para 2020 hubo cambios a las bases. Entre estos cambios destaca el que el autor o autores del estudio o estudios merecedores del Premio o Mención Honorífica otorgan automáticamente el derecho de autor al CEMLA, en particular, para traducir, editar y publicar las investigaciones ganadoras. Con ello se busca facilitar la publicación de dichos artículos en el Latin American Journal of Central Banking.

 

 

 

Ganador del Premio de Banca Central Rodrigo Gómez 2020

 

La Junta de Gobierno del CEMLA decidió otorgar el Premio de Banca Central Rodrigo Gómez 2020 a Rogelio De La Peña Magaña por su estudio: “Should Monetary Policy Lean Against the Wind in a Small-Open Economy? Revisiting the Tinbergen Rule.” A su vez, la Junta de Gobierno reconoció con menciones honoríficas, respectivamente, a Luis Alejandro Rojas Bernal y Mauricio Villamizar Villegas, por su trabajo: “Pricing the Exotic: Path-Dependent American Options with Stochastic Barriers,” y a Luis Simón Tamborrel, por “Capital Requirements in a Model of Bank Runs: The 2008 Run on Repo.”  

El artículo “Should Monetary Policy Lean Against the Wind in a Small-Open Economy? Revisiting the Tinbergen Rule” estudia si los bancos centrales deberían responder también a desequilibrios financieros como los asociados a las expansiones de créditos o burbujas en los precios de los activos. El artículo contribuye a este debate mostrando un modelo en el cual es más costoso para una economía pequeña y abierta, respecto a una economía cerrada, perseguir dos objetivos con un solo instrumento de política. Para esto, el autor propone un modelo de Equilibrio General Dinámico Estocástico que incorpora al acelerador financiero de Bernanke-Gertler-Gilchrist donde se presentan fricciones financieras y poder monopólico en los mercados de bienes. Posteriormente, estima el modelo para México. Su principal hallazgo es que aumentar la regla de Taylor con un argumento sobre el crecimiento del crédito no es una respuesta óptima de política. La combinación óptima es tal que la política monetaria se centre exclusivamente en la estabilidad de precios y la macroprudencial, en la estabilidad financiera. Asimismo, estas políticas se complementan entre sí para estabilizar la economía bajo choques financieros. No obstante, las herramientas macroprudenciales no son tan útiles para la estabilización macroeconómica bajo otro tipo de choques exógenos.

Rogelio De La Peña Magaña trabaja como economista en el Banco de México, en la Dirección General de Investigación Económica. Por otro lado, Luis Alejandro Rojas Bernal trabajó en el Banco de la República (Colombia) y actualmente estudia el doctorado en economía. Mauricio Villamizar Villegas es el subgerente de Estudios Económicos en el Banco de la República. Finalmente, Luis Simón trabajó en el Banco de México antes de hacer su doctorado en economía.

La Junta de Gobierno agradece a Oscar Arce, Economista en Jefe del Banco de España; James C. MacGee, economista en jefe del Banco de Canadá; Carlos Urrutia, profesor e investigador del ITAM, y Santiago García-Verdú, Asesor del CEMLA y economista del Banco de México, por su contribución como parte del jurado en esta edición del Premio Rodrigo Gómez.

Don Rodrigo Gómez (1897-1970)

Don Rodrigo Gómez fue un promotor de instituciones. Ese es el primer elemento para explicar cómo fue que discurrió el establecimiento del CEMLA en el año de 1952, ya ocupando un cargo de gran influencia en el Banco de México. De ese temple fundador brotaron otras entidades a cuyo establecimiento prestó su colaboración. Fue el caso, por ejemplo, del Banco Interamericano de Desarrollo, que abrió sus puertas en 1960 y de muchos otros organismos que se crearon en el Banco de México con el fin de impulsar el progreso económico del país. Mediante una utilización muy hábil de la figura del fideicomiso público, durante la época de Rodrigo Gómez se establecieron en 1954 los Fideicomisos Instituidos en Relación a la Agricultura, en 1960 el Fondo para el Fomento de las Exportaciones de Productos Manufacturados y años después otros instrumentos semejantes para promover la vivienda de interés social, el equipamiento industrial y los polos de desarrollo turístico.

Otro rasgo típico en don Rodrigo Gómez fue su vocación de latinoamericanista. En honor a esa variante, desde 1958 fue designado por el gobierno mexicano para participar con el patrocinio de la Comisión Económica para América Latina en los trabajos que culminarían en la conformación de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio, alalc. En el campo específico de la banca central, la idea paralela fue crear en la región un sistema multilateral de pagos. Desde que empezaron los trabajos correspondientes, el representante mexicano se distinguió por su capacidad intelectual además de su gran convicción para impulsar la integración económica de las naciones de América Latina. Se entregó a este ideal con gran compromiso y lo impulsó en muchos foros e instancias de negociación.

El otro factor que explica el por qué Rodrigo Gómez promovió el establecimiento del CEMLA fue el interés que siempre mostró por el desarrollo de los recursos humanos en la banca central. Consciente de que el alma de las instituciones la integran principalmente las personas que laboran en ellas, quienes les dan su dimensión política y social, Rodrigo Gómez siempre prestó gran atención a la formación de cuadros profesionales en el Banco de México. Sus muchachos, como afectuosamente llamaba don Rodrigo Gómez a los jóvenes profesionales con mayor potencial, recibieron oportunidad para formarse en las mejores universidades del país y del extranjero. Posteriormente, bajo su cuidadosa orientación se fueron fogueando en el desempeño de responsabilidades crecientes.

El CEMLA fue una suerte de legado del Banco de México y de don Rodrigo Gómez en lo personal, en beneficio de los bancos centrales de los países de América Latina. Se trataba de una obra que debería impulsarse con la mayor atención. Consolidar al CEMLA para que con el tiempo se fuera fortaleciendo y ofreciera su mayor utilidad. Andando el carro se acomodan las calabazas, solía decir con pragmatismo y sabiduría popular aquel promotor neoleonés. Este compromiso explica los múltiples apoyos que recibió el CEMLA del Banco de México, sobre todo durante su etapa de despegue. En esa lista destacan las ayudas para sus primeras instalaciones y luego a fin de que el organismo pudiese contar con un edificio sede. También cabe destacar los apoyos presupuestarios y la buena disposición para que los técnicos del Banco de México colaborasen en las labores de docencia y de investigación.